martes, 21 de febrero de 2012

El goce toxicómano como acontecimiento Freudiano


El goce toxicómano como acontecimiento Freudiano

Un acontecimiento puede ser pensado como un hecho que marca la vida del sujeto. Así, en la clínica intentamos localizar el acontecimiento que ha desencadenado la consulta. Éste implica el punto donde el sujeto se ha desestabilizado en su modo de funcionar, allí, algo del síntoma, del fantasma, del goce, se ha puesto en cruz[1].
Es así, que para A. Badiou, un sujeto se define ante todo por la fidelidad a una verdad que se pone en evidencia en la ruptura que significa el acontecimiento[2].
Para que un acontecimiento sea tal, tiene que haber algo que sancione el hecho acaecido. Esta sanción es parte de la intervención analítica que implica la localización subjetiva[3].
Heidegger considera que el acontecimiento es algo que hay que esperar a que se porduzca, nada le hacía suponer que algo lo podía producir. En cambio, para Bodiou, el acontecimiento no se espera, se efectúa otorgándole un nombre que llama supernumerario. Esto transforma a un suceso en acontecimiento.[4]
“Un acontecimiento es siempre localizable. ¿Qué significa esto?. En primer lugar, que ningun acontecimiento concierne, de manera inmediata, la situación en su conjunto. Un acontecimiento está siempre en un punto de la situación, cualquiera sea el significado del término ‘concernir’. De manera general, es posible caracterizar el tipo múltiple que puede ‘concernir’ a un acontecimiento, en una situación cualquiera. Como era previsible, se trata de lo que he llamado un sitio de acontecimiento (o al borde del vacío, o fundador)”.[5]
El acontecimiento implica la posibilidad de decir que insiste ahí donde ya nada podría ser dicho. Para Badiou, ese punto indecible es el aconteciemto. Ahora bien, si el acontecimiento es innombrable, decirlo será función de un proceso que se inicia con una acción ilegal: tomar un nombre y otorgárselo al acontecimiento, tal como fue referido renglones arriba, un nombre supernumerario que implica el momento mismo de la intervención, del señalamiento y el anudamineto de sus implicancias. Efectuar el acontecimiento sería, entonces, dar un nombre. Implica forzar la lengua, extraer una nominación para que el acontecimiento se efectúe. Sin embargo, el nombre ilegal que hace apuesta del acontecimiento, no sabe lo que ocurrirá, ignora el porvenir de sus implicaciones. Pero a diferencia de Heidegger, el acontecimiento ya estaria apostado, operando en la situación, suplementándola ya, ganando y creando un espacio ahora conocido[6].
Un acontecimiento es, entonces, una “singularidad universal”, es decir, un hecho que, aunque esté anclado en una historia particular, implica algo válido para todos[7].
J.A. Miller refiere (segun lo referido por el Prof. Jorge Assef[8]) que Lacan retorna a la lectura de Freud en tanto el aconteciemiento Freud  había quedado registrado en el pensamiento de la Europa de los ’40, lo cual lo había, en cierta manera, reducido. La enseñanza de Freud había perdido su valor de ruptura. Podemos pensar a S. Freud como acontecimiento, como ruptura que instaura una regularidad que se instala en tanto implica un acontecimiento discursivo, porque se encargó de dotar a cada acontecimiento de un nombre, y por la creación de la Asociación Psicoanalitica (acontecimiento político).[9]
Ahora bien, el objetivo de este ensayo es poder explicitar cuando la enseñanza Freudiana se ha convertido en un acontecimiento en mi formación como pasicoanalista y en particular, en la práctica clínica con sujetos toxicómanos. Dos textos aparecen como fundamentales en este recorrido: “Mas allá del principio del placer” y “El malestar en la cultura”. Así, la lectura de estos textos Freudianos se ha convertido en acotencimiento en mi formación y práctica en tanto han dado nombre a la práctica del toxicómano (compulsión a la repetición), me han permitido comprender la relación que establece el sujeto con el objeto droga (de goce) y por otra parte han estimulado mi lectura acercandome al encuentro con Lacan.
Así, Freud adopta la conjetura de que “el decurso de los procesos anímicos es regulado automaticamente por el principio de placer, es decir, en todos los casos lo pone en marcha una tensión displacentera, y después adopta tal orientación que su resultado final coincide con una disminución de aquella, esto es, una evitación del displcer o una producción de placer”.[10] Postula que el placer y el displacer son cantidades de excitación presentes en la vida anímica, correspondiendo el displacer a un incremento de dicha cantidad y el placer a una reducción de la misma. El aparato anímico, regido por el imperio del principio del palcer, se empeña en mantener lo más baja posible, o al menos constante la cantidad de excitación presente en él y todo aquello que la incremente es sentido como disfuncional y displacentero. A posteriori plantea, que si fuera así, la mayoría de los procesos anímicos tendrían que ir acompañados de placer o llevar a él, siendo que la experiencia desmiente esta conclusión.[11]
En “El malestar en la cultura” Freud postula que el ser humano está obligado a realizar un programa de la felicidad, el cual le es impuesto por el principio del placer, sin embargo, considera que la realizaión del mismo es imposible: “Los hombres quieren alcanzar la dicha, conseguir la felicidad y mantenerla, pero ello es absolutamente irrealizable”.[12] La imposibilidad de realizar aquello a lo que está obligado, este hecho contradictorio, es propio de la naturaleza humana. Lo humano se ubica en este punto de imposibilidad, el cual es estructurante. Persiste en el ser humano la obligación de realizar a cada momento este imposible. Y añade: “sobre este punto no existe consejo válido para todos: cada quien tiene que ensayar por sí mismo la manera en que puede alcanzar su bienaventuraza”.[13]
Por todo lo anterior, es que Freud concluye que no hay felicidad sino satisfacción y que “el sentido de la vida” encuentra su permanencia más que en la búsqueda del placer, en la evitación del displacer[14].
En el mismo texto describe tres lugares de donde el sufrimiento nos amenaza, ellos son: desde el cuerpo propio, el cual está destinado a la ruina y a la disolución y el cual no puede prescindir de la angustia y el dolor como señales de alarma; desde el mundo exterior, el cual puede abrir sus fuerzas destructoras sobre nosotros y desde los vínculos con otros seres humanos, siendo que, muchas veces, este padecer, lo sentimos como más doloroso que cualquier otro[15].
Es por ello que, la vida, tal como nos es impuesta, nos resulta gravosa, ya que nos trae dolores, desengaños y tareas sin solución. Freud plantea que para poder soportarla no podemos prescindir de calmantes: “Los hay, quizás de tres clases; poderosas distracciones que nos hagan valuar en poco nuestras miserias; satifacciones sustitutivas que las reduzcan y sustancias embriagadoras que nos vuelvan insensibles a ellas. Estas sustancias influyen sobre nuestro cuerpo, alterando su quimismo”[16].
Por ende, se puede visualizar como S. Freud plantea las distintas soluciones con las que el hombre cuenta para evitar el sufrimiento y para enfrentar la imposibilidad de la satisfacción ilimitada de todas las necesidades y considera, entre ellas, a los químicos como “sustancias extrañas al cuerpo cuya presencia en la sangre y los tejidos nos procuran sensaciones directamente placenteras, pero a la vez alteran de tal modo las condiciones de nuestra vida sensitiva que nos vuelven incapaces de recibir mociones de displacer”.[17] Así mismo, se refiere a la intoxicación como una manera que los sujetos poseen para hacer frente a las miserias que la vida le impone, debido a que produce un efecto inmediato por actuar sobre el cuerpo y porque genera una ilusión de independencia respecto del mundo exterior. Considera a las sustancias como “quita-penas” por medio de las cuales es posible sustraerse de la presión de la realidad y refugiarse en el mundo propio en cualquier momento, postulando que es esta propiedad la que determina su carácter peligroso y dañino[18].
Quisiera determe aquí un momento, en tanto que con estos últimos párrafos podemos vislumbrar ya los esbozos de lo que luego será nominado como el goce cínico del toxicománo, ese goce que se encuentra de manera directa en la relación con el objeto droga sin necesidad de pasar por el Otro, goce autoerótico que pasa por el propio cuerpo, es más, produce la ruptura de la posibilidad de establecer lazo con el Otro y compele al sujeto a repetir, de ahí que sea tan preponderante de que muchos de quienes consultan se encuentren solos y los lazos sostenidos por los mismos suelen ser muy lábiles, en el general jugados en el eje imaginario; y de ahí que sea para los mismos tan difícil alcanzar la abstinencia, retornan al consumo una y otra vez, pasajes al acto que dificultan el trabajo analítico en tanto cuesta enlazarlos a una palabra, a algo simbólico que pudiera nominar allí  lo sucedido, haciendo de dicho hecho un acontecimeinto para el sujeto.
Como expresé renglones arriba “Mas allá del principio del placer” y “El malestar en la cultura” son los textos que han hecho acontecimiento en mi formación y práctica clínica, ya que me han permitido sancionar con un nombre eso que antes aparecía ante mi mirada y voz como innombrable: el goce del toxicómano.

Bibliografía

-Apuntes de Cátedra: “Sigmund Freud. Acontecimiento y consecuencias”. Docente a cargo: Jorge Assef.

-Badiou, Alain. “El ser y el acontecimiento”. Ed. Manantial, Bs. As. (1998).

-Badiou, Alain. “Condiciones” Ed. Siglo XXI, Bs. As. (2002).

-Badiou, Alain. “Filosofía del presente”. Libros del Zorzal, Bs. As. (2005).

-Badiou, Alain. “Breve tratado de ontología transitoria”. Gedisea, Barcelona. (2002).

-Heidegger, Martín. “Entrevista de Spiegel a Marín Heidegger”. Tecnos, Madrid. (1996)

-Sigmund Freud. “Mas allá del principio del placer”. O.C. Amorrortu Editores. Bs. As. (1999).

-Sigmund Freud. “El malestar en la cultura”. Amorrortu Editores. Bs. As. (1999)


[1] Apuntes de Cátedra: “Sigmund Freud. Acontecimiento y consecuencias”. Docente a cargo: Jorge Assef.
[2] Badiou, Alain. “El ser y el acontecimiento”. Pág. 201. Ed. Manantial, Bs. As. (1998).
[3] Apuntes de Cátedra: “Sigmund Freud. Acontecimiento y consecuencias”. Docente a cargo: Jorge Assef.
[4] Apuntes de Cátedra: “Sigmund Freud. Acontecimiento y consecuencias”. Docente a cargo: Jorge Assef.
[5] Badiou, Alain. “El ser y el acontecimiento”. Pág. 201. Ed. Manantial, Bs. As. (1998).
[6] Badiou, Alain, Op. Cit.
[7] Badiou, Alain, Op. Cit.
[8] Apuntes de Cátedra: “Sigmund Freud. Acontecimiento y consecuencias”. Docente a cargo: Jorge Assef.
[9] Apuntes de Cátedra: “Sigmund Freud. Acontecimiento y consecuencias”. Docente a cargo: Jorge Assef.
[10] Sigmund Freud. “Mas allá del principio del placer”. Pág. 7. O.C. Amorrortu Editores. Bs. As. (1999)
[11] Sigmund Freud. Op. Cit.
[12] Sigmund Freud. “El malestar en la cultura” Pág. 76. Amorrortu Editores. Bs. As. (1999)
[13] Sigmund Freud. Pág 83. Op. Cit.
[14] Sigmund Freud. Op. Cit.
[15] Sigmund Freud. Op. Cit.
[16] Sigmund Freud. Pág. 75. Op. Cit.
[17] Sigmund Freud. Pág. 78. Op. Cit.
[18] Sigmund Freud. Op. Cit.

No hay comentarios:

Publicar un comentario