El goce toxicómano como acontecimiento
Freudiano
Un
acontecimiento puede ser pensado como un hecho que marca la vida del sujeto.
Así, en la clínica intentamos localizar el acontecimiento que ha desencadenado
la consulta. Éste implica el punto donde el sujeto se ha desestabilizado en su
modo de funcionar, allí, algo del síntoma, del fantasma, del goce, se ha puesto
en cruz[1].
Es así,
que para A. Badiou, un sujeto se define ante todo por la fidelidad a una verdad
que se pone en evidencia en la ruptura que significa el acontecimiento[2].
Para que un acontecimiento sea tal, tiene que haber
algo que sancione el hecho acaecido. Esta sanción es parte de la intervención
analítica que implica la localización subjetiva[3].
Heidegger considera que el acontecimiento es algo que
hay que esperar a que se porduzca, nada le hacía suponer que algo lo podía
producir. En cambio, para Bodiou, el acontecimiento no se espera, se efectúa
otorgándole un nombre que llama supernumerario. Esto transforma a un suceso en
acontecimiento.[4]
“Un acontecimiento es siempre localizable. ¿Qué
significa esto?. En primer lugar, que ningun acontecimiento concierne, de
manera inmediata, la situación en su conjunto. Un acontecimiento está siempre
en un punto de la situación, cualquiera sea el significado del término
‘concernir’. De manera general, es posible caracterizar el tipo múltiple que
puede ‘concernir’ a un acontecimiento, en una situación cualquiera. Como era
previsible, se trata de lo que he llamado un sitio de acontecimiento (o al
borde del vacío, o fundador)”.[5]
El acontecimiento implica la posibilidad de decir que
insiste ahí donde ya nada podría ser dicho. Para Badiou, ese punto indecible es
el aconteciemto. Ahora bien, si el acontecimiento es innombrable, decirlo será
función de un proceso que se inicia con una acción ilegal: tomar un nombre y
otorgárselo al acontecimiento, tal como fue referido renglones arriba, un
nombre supernumerario que implica el momento mismo de la intervención, del
señalamiento y el anudamineto de sus implicancias. Efectuar el acontecimiento
sería, entonces, dar un nombre. Implica forzar la lengua, extraer una
nominación para que el acontecimiento se efectúe. Sin embargo, el nombre ilegal
que hace apuesta del acontecimiento, no sabe lo que ocurrirá, ignora el
porvenir de sus implicaciones. Pero a diferencia de Heidegger, el
acontecimiento ya estaria apostado, operando en la situación, suplementándola
ya, ganando y creando un espacio ahora conocido[6].
Un acontecimiento es, entonces, una “singularidad
universal”, es decir, un hecho que, aunque esté anclado en una historia
particular, implica algo válido para todos[7].
J.A. Miller refiere (segun lo referido por el Prof.
Jorge Assef[8]) que Lacan retorna a la
lectura de Freud en tanto el aconteciemiento Freud había quedado registrado en el pensamiento de
la Europa de los ’40, lo cual lo había, en cierta manera, reducido. La
enseñanza de Freud había perdido su valor de ruptura. Podemos pensar a S. Freud
como acontecimiento, como ruptura que instaura una regularidad que se instala
en tanto implica un acontecimiento discursivo, porque se encargó de dotar a
cada acontecimiento de un nombre, y por la creación de la Asociación
Psicoanalitica (acontecimiento político).[9]
Ahora bien, el objetivo de este ensayo es poder
explicitar cuando la enseñanza Freudiana se ha convertido en un acontecimiento
en mi formación como pasicoanalista y en particular, en la práctica clínica con
sujetos toxicómanos. Dos textos aparecen como fundamentales en este recorrido:
“Mas allá del principio del placer” y “El malestar en la cultura”. Así, la
lectura de estos textos Freudianos se ha convertido en acotencimiento en mi
formación y práctica en tanto han dado nombre a la práctica del toxicómano
(compulsión a la repetición), me han permitido comprender la relación que
establece el sujeto con el objeto droga (de goce) y por otra parte han
estimulado mi lectura acercandome al encuentro con Lacan.
Así, Freud adopta la conjetura de que “el decurso
de los procesos anímicos es regulado automaticamente por el principio de
placer, es decir, en todos los casos lo pone en marcha una tensión
displacentera, y después adopta tal orientación que su resultado final coincide
con una disminución de aquella, esto es, una evitación del displcer o una
producción de placer”.[10] Postula que el
placer y el displacer son cantidades de excitación presentes en la vida
anímica, correspondiendo el displacer a un incremento de dicha cantidad y el
placer a una reducción de la misma. El aparato anímico, regido por el imperio
del principio del palcer, se empeña en mantener lo más baja posible, o al menos
constante la cantidad de excitación presente en él y todo aquello que la
incremente es sentido como disfuncional y displacentero. A posteriori plantea,
que si fuera así, la mayoría de los procesos anímicos tendrían que ir acompañados
de placer o llevar a él, siendo que la experiencia desmiente esta conclusión.[11]
En “El malestar en la cultura” Freud postula que el
ser humano está obligado a realizar un programa de la felicidad, el cual le es
impuesto por el principio del placer, sin embargo, considera que la realizaión
del mismo es imposible: “Los hombres quieren alcanzar la dicha, conseguir la
felicidad y mantenerla, pero ello es absolutamente irrealizable”.[12] La
imposibilidad de realizar aquello a lo que está obligado, este hecho contradictorio,
es propio de la naturaleza humana. Lo humano se ubica en este punto de
imposibilidad, el cual es estructurante. Persiste en el ser humano la
obligación de realizar a cada momento este imposible. Y añade: “sobre este
punto no existe consejo válido para todos: cada quien tiene que ensayar por sí
mismo la manera en que puede alcanzar su bienaventuraza”.[13]
Por todo lo anterior, es que Freud concluye que no hay
felicidad sino satisfacción y que “el sentido de la vida” encuentra su
permanencia más que en la búsqueda del placer, en la evitación del displacer[14].
En el mismo texto describe tres lugares de donde el
sufrimiento nos amenaza, ellos son: desde el cuerpo propio, el cual está
destinado a la ruina y a la disolución y el cual no puede prescindir de la
angustia y el dolor como señales de alarma; desde el mundo exterior, el cual
puede abrir sus fuerzas destructoras sobre nosotros y desde los vínculos con
otros seres humanos, siendo que, muchas veces, este padecer, lo sentimos como
más doloroso que cualquier otro[15].
Es por ello que, la vida, tal como nos es impuesta,
nos resulta gravosa, ya que nos trae dolores, desengaños y tareas sin solución.
Freud plantea que para poder soportarla no podemos prescindir de calmantes: “Los
hay, quizás de tres clases; poderosas distracciones que nos hagan valuar en
poco nuestras miserias; satifacciones sustitutivas que las reduzcan y
sustancias embriagadoras que nos vuelvan insensibles a ellas. Estas sustancias
influyen sobre nuestro cuerpo, alterando su quimismo”[16].
Por ende, se puede visualizar como S. Freud plantea
las distintas soluciones con las que el hombre cuenta para evitar el
sufrimiento y para enfrentar la imposibilidad de la satisfacción ilimitada de
todas las necesidades y considera, entre ellas, a los químicos como “sustancias
extrañas al cuerpo cuya presencia en la sangre y los tejidos nos procuran
sensaciones directamente placenteras, pero a la vez alteran de tal modo las
condiciones de nuestra vida sensitiva que nos vuelven incapaces de recibir
mociones de displacer”.[17] Así mismo, se
refiere a la intoxicación como una manera que los sujetos poseen para hacer
frente a las miserias que la vida le impone, debido a que produce un efecto
inmediato por actuar sobre el cuerpo y porque genera una ilusión de independencia
respecto del mundo exterior. Considera a las sustancias como “quita-penas” por
medio de las cuales es posible sustraerse de la presión de la realidad y
refugiarse en el mundo propio en cualquier momento, postulando que es esta
propiedad la que determina su carácter peligroso y dañino[18].
Quisiera determe aquí un momento, en tanto que con
estos últimos párrafos podemos vislumbrar ya los esbozos de lo que luego será
nominado como el goce cínico del toxicománo, ese goce que se encuentra de
manera directa en la relación con el objeto droga sin necesidad de pasar por el
Otro, goce autoerótico que pasa por el propio cuerpo, es más, produce la
ruptura de la posibilidad de establecer lazo con el Otro y compele al sujeto a
repetir, de ahí que sea tan preponderante de que muchos de quienes consultan se
encuentren solos y los lazos sostenidos por los mismos suelen ser muy lábiles,
en el general jugados en el eje imaginario; y de ahí que sea para los mismos
tan difícil alcanzar la abstinencia, retornan al consumo una y otra vez,
pasajes al acto que dificultan el trabajo analítico en tanto cuesta enlazarlos
a una palabra, a algo simbólico que pudiera nominar allí lo sucedido, haciendo de dicho hecho un
acontecimeinto para el sujeto.
Como expresé renglones arriba “Mas allá del principio
del placer” y “El malestar en la cultura” son los textos que han hecho
acontecimiento en mi formación y práctica clínica, ya que me han permitido
sancionar con un nombre eso que antes aparecía ante mi mirada y voz como
innombrable: el goce del toxicómano.
Bibliografía
-Apuntes
de Cátedra: “Sigmund Freud. Acontecimiento y consecuencias”. Docente a cargo:
Jorge Assef.
-Badiou,
Alain. “El ser y el acontecimiento”. Ed. Manantial, Bs.
As. (1998).
-Badiou,
Alain. “Condiciones” Ed. Siglo XXI, Bs. As. (2002).
-Badiou,
Alain. “Filosofía del presente”. Libros del Zorzal, Bs. As. (2005).
-Badiou,
Alain. “Breve tratado de ontología transitoria”. Gedisea, Barcelona. (2002).
-Heidegger,
Martín. “Entrevista de Spiegel a Marín Heidegger”. Tecnos, Madrid. (1996)
-Sigmund
Freud. “Mas allá del principio del placer”. O.C.
Amorrortu Editores. Bs. As. (1999).
-Sigmund
Freud. “El malestar en la cultura”. Amorrortu Editores.
Bs. As. (1999)
[1] Apuntes de Cátedra: “Sigmund Freud.
Acontecimiento y consecuencias”. Docente a cargo: Jorge Assef.
[3] Apuntes de Cátedra: “Sigmund Freud.
Acontecimiento y consecuencias”. Docente a cargo: Jorge Assef.
[4] Apuntes de Cátedra: “Sigmund Freud.
Acontecimiento y consecuencias”. Docente a cargo: Jorge Assef.
[6] Badiou, Alain, Op. Cit.
[7] Badiou, Alain, Op. Cit.
[8] Apuntes de Cátedra: “Sigmund Freud. Acontecimiento
y consecuencias”. Docente a cargo: Jorge Assef.
[9] Apuntes de Cátedra: “Sigmund Freud. Acontecimiento y consecuencias”. Docente a
cargo: Jorge Assef.
[10] Sigmund Freud. “Mas allá del principio del
placer”. Pág. 7. O.C.
Amorrortu Editores. Bs. As. (1999)
[11] Sigmund Freud. Op. Cit.
[12] Sigmund Freud. “El malestar en la cultura”
Pág. 76. Amorrortu Editores. Bs. As. (1999)
[13] Sigmund Freud. Pág 83. Op. Cit.
[14] Sigmund Freud. Op. Cit.
[15] Sigmund Freud. Op. Cit.
[16] Sigmund Freud. Pág. 75. Op. Cit.
[17] Sigmund Freud. Pág. 78. Op. Cit.
[18] Sigmund Freud. Op. Cit.
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